El asma y la rinitis son enfermedades
muy prevalentes que frecuentemente coexisten. La rinitis alérgica es un factor
de riesgo mayor para el desarrollo de asma. Otras afecciones nasosinusales como
la poliposis y la sinusitis crónica también se asocian con frecuencia al asma,
además de influir en su gravedad.
La nariz es un órgano con varias
funciones. La principal, probablemente, sea el acondicionamiento del aire
inspirado, y la alteración de esta función se relaciona con la presencia o
gravedad del asma.
La mucosa nasal y bronquial comparten
muchas características, si bien presentan una diferencia que es importante por
su repercusión clínica: la presencia de sinusoides venosos en la nariz y de
músculo liso en los bronquios.
En varios estudios se ha demostrado la
presencia de inflamación bronquial después de la exposición nasal a un
alérgeno, así como inflamación nasal después de provocaciones bronquiales.
La respuesta bronquial y nasal al
ejercicio es muy diferente. Mientras que la mayoría de los asmáticos presenta
tras el esfuerzo una disminución del volumen espiratorio forzado en el primer
segundo, todos los sujetos sanos o con enfermedades respiratorias experimentan
un aumento del volumen y una reducción de las resistencias nasales.
La diseminación sistémica de la
respuesta inflamatoria es el mecanismo más probablemente implicado en la
interrelación entre nariz y bronquios. La aspiración de mediadores,
especialmente en fase gaseosa, pudiera tener alguna importancia, pero esto no
se ha demostrado claramente.
Diversos trabajos han demostrado la
mejoría clínica y de la inflamación que ocurre en los bronquios tras el
tratamiento de la rinitis con corticoides, antileucotrienos y antihistamínicos.
La inmunoterapia parece modificar la historia natural de la enfermedad alérgica
respiratoria y prevenir la aparición de asma en sujetos con rinitis. Otros
tratamientos como los anticuerpos monoclonales antiinmunoglobulina E
(omalizumab) parecen ser opciones promisorias en el manejo de pacientes con
asma y rinitis concomitantes. Estos hallazgos refuerzan los datos
epidemiológicos y fisiopatológicos de la interrelación y sirven para recalcar
la necesidad de realizar un manejo integral de la enfermedad alérgica
respiratoria.
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